Cada 21 de octubre el mundo detiene por un momento su rutina para reflexionar sobre una acción que parece invisible, pero que sostiene nuestra vida diaria: el consumo de energía. Aunque no se conoce con certeza el origen de esta conmemoración, el Día Mundial del Ahorro de Energía invita a repensar nuestros hábitos y adoptar prácticas más sostenibles que contribuyan a reducir el impacto ambiental.
En un contexto donde la crisis climática ya no es una amenaza futura sino una realidad presente, usar la energía con responsabilidad se convierte en un compromiso colectivo. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), los pequeños cambios en el comportamiento cotidiano pueden disminuir hasta un 10 % del gasto energético anual en los hogares.
Cambiar la rutina dentro de casa
Apagar las luces cuando no son necesarias, desconectar los cargadores que quedan enchufados y optar por electrodomésticos con etiqueta de eficiencia energética son acciones básicas pero efectivas.
Además, regular la temperatura del hogar manteniéndola unos grados por debajo en invierno y evitando el exceso de aire acondicionado en verano permite no solo reducir las facturas, sino también disminuir las emisiones de dióxido de carbono.
“El ahorro energético no consiste en renunciar al confort, sino en aprender a usar los recursos de manera más inteligente”, explica la AIE.
Energía que también se ahorra en movimiento
La energía no solo se consume en casa: también se gasta en la forma en que nos desplazamos. Caminar, usar la bicicleta o compartir el vehículo con otras personas reduce las emisiones de carbono y mejora la calidad del aire en las ciudades.
La ONU estima que sustituir el uso diario del automóvil por el transporte público puede reducir hasta 2,2 toneladas de CO₂ por persona al año. Y, en un escenario global donde el transporte representa el mayor generador de emisiones, esta decisión tiene un impacto directo en el planeta.

Conducir con conciencia
Si no es posible evitar el coche, hay formas de hacerlo más eficiente: mantener los neumáticos inflados, apagar el motor en los semáforos largos, conducir a una velocidad constante y planear las rutas para evitar atascos.
Incluso, quienes optan por un vehículo eléctrico o híbrido logran reducir en promedio dos toneladas anuales de su huella de carbono. Y si el auto es de segunda mano, la reducción ambiental es doble: menos emisiones y menos demanda de materiales para su fabricación.
Viajes que también dejan huella
Viajar en avión es una de las actividades con mayor impacto ambiental. Un solo vuelo intercontinental puede generar hasta dos toneladas de CO₂ por pasajero, según datos de la ONU.
Por eso, cuando sea posible, se recomienda preferir medios de transporte como el tren o el autobús, o planificar los trayectos con mayor anticipación para optimizar los desplazamientos y reducir el número de vuelos.
Más allá de las acciones individuales
Ahorrar energía es una tarea que empieza en casa, pero que debe acompañarse de cambios estructurales. La AIE recuerda que el compromiso ciudadano solo prospera si los gobiernos promueven políticas sostenibles: transporte público accesible, ciclovías seguras, incentivos para la energía limpia y campañas de educación ambiental.
