Soacha vive días oscuros. El miedo se siente en las calles, en los buses, en los barrios y hasta dentro de las instituciones. Ya ni los concejales se salvan de la delincuencia. La reciente denuncia de la concejal Yudi Garzon, quien este viernes fue víctima de robo, refleja el profundo deterioro de la seguridad en el municipio y el creciente sentimiento de desprotección entre los ciudadanos.

“Hoy, Soacha vive momentos difíciles. La inseguridad crece: el microtráfico domina barrios, hay extorsiones, robos en buses, en las calles, en cualquier esquina. Se pierden motos, carros, bicicletas… y con ellos, el fruto del esfuerzo de la gente trabajadora”, escribió la concejal en sus redes sociales, con un mensaje que resonó entre miles de habitantes que se sienten igual: abandonados, vulnerables y cansados de tener miedo.


Una ciudad cansada del miedo

Los soachunos viven atrapados entre el temor y la frustración. En cada esquina hay una historia de robo, una familia víctima de extorsión, un comerciante amenazado o un conductor asaltado. La delincuencia no distingue clase social, ni género, ni cargo público.
El sentimiento generalizado es uno solo: nadie está a salvo.

Las denuncias ciudadanas coinciden en lo mismo: las cámaras de seguridad no funcionan, la presencia policial es escasa, y no existe un plan real de inteligencia que permita prevenir los delitos. Mientras tanto, los índices de hurtos y violencia siguen aumentando, y la respuesta institucional parece limitada a declaraciones y reuniones que no cambian la realidad.


“Un gobierno que solo camina para las cámaras”

En la mañana del mismo viernes, la concejal Yudi había señalado en entrevista conel magazine Voces al Día:

“El alcalde se dedicó a hacer recorridos sin realizar acciones que resuelvan las problemáticas del territorio. En este gobierno, Soacha enfrenta un problema de aumento en el desempleo.”

Sus palabras, hoy, cobran más sentido que nunca. Lo que muchos califican como un “gobierno de redes sociales” parece más preocupado por mostrar gestión en fotografías que por resolver los problemas estructurales de seguridad que afectan a los ciudadanos.

La situación actual ha llevado a varios sectores a hablar de desgobierno. Mientras el mandatario publica recorridos y eventos, la criminalidad se apodera de los barrios. Los robos, las extorsiones y el microtráfico crecen ante la mirada pasiva de una administración que no logra —o no quiere— enfrentar la realidad.


Soacha, una ciudad que perdió la confianza

El miedo se ha convertido en parte del día a día. Muchos habitantes confiesan que evitan salir de noche, que ya no denuncian porque no confían en las autoridades, o que prefieren el silencio para evitar represalias.
Ese miedo colectivo, esa sensación de vivir en un territorio donde la ley perdió fuerza, es hoy el mayor enemigo de Soacha.

“La seguridad no puede ser una opción. Es una necesidad, un derecho y un compromiso que no debe ser negociable”, escribió la concejal, en un mensaje que refleja no solo una experiencia personal, sino la voz de miles de soachunos que sienten que su ciudad se les está escapando de las manos.