Cuarenta años después de la toma del Palacio de Justicia, Helena Uran Bidegain sigue buscando respuestas sobre la muerte de su padre, el magistrado Carlos Horacio Uran. Lo que empezó como una crisis personal en Alemania se convirtió en una lucha por la memoria y la verdad en uno de los episodios más dolorosos de la historia de Colombia.


A los 25 años, mientras estudiaba en Hamburgo, Helena Uran comenzó a sufrir fuertes dolores de estómago. Los médicos no encontraban la causa hasta que una psicóloga le habló de la posibilidad de un trauma no resuelto. Fue entonces cuando Helena enfrentó, por primera vez, el recuerdo más devastador de su vida: la pérdida de su padre durante la toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985.

Tenía solo diez años cuando vio por la ventana los tanques del Ejército avanzar hacia el centro de Bogotá. Durante meses dejó de hablar, incapaz de procesar el miedo y la ausencia. Su padre, magistrado auxiliar de la Corte Suprema, fue dado por muerto en el fuego cruzado, pero un video posterior reveló que había salido vivo del edificio. Décadas más tarde, pruebas forenses confirmaron que fue torturado y ejecutado extrajudicialmente.

Desde entonces, Helena ha dedicado su vida a reconstruir la verdad: ha escrito libros, impulsado acciones judiciales, colaborado con gobiernos y organismos internacionales, y creado una fundación en memoria de su padre. Sin embargo, denuncia que en Colombia aún persiste un pacto de silencio sobre lo ocurrido.

“Cuando no se puede hablar, no se puede sanar —dice Helena—. Lo del Palacio sigue sin resolverse colectivamente. Falta justicia, verdad y una política de memoria que le haga frente al olvido.”

A cuatro décadas de la tragedia, su historia recuerda que el duelo pendiente del país también es el suyo.