Una escena dantesca se vive en pleno corazón de Soacha: funcionarios públicos trabajando entre aguas negras, olores nauseabundos y riesgo de infección.
Sí, aunque parezca increíble, así están las condiciones en la Inspección Cuarta de Policía, ubicada en la comuna cuatro, donde desde el 9 de octubre de 2025 las oficinas están literalmente inundadas por aguas residuales que brotan de los baños y alcantarillas.

Durante más de 12 días, nadie de la Alcaldía de Soacha ha hecho algo para solucionar la emergencia.
El hedor es insoportable, las aguas contaminadas corren bajo los escritorios y los trabajadores deben atender a los ciudadanos en medio de un foco de infección.
¿Dónde están el alcalde Víctor Julián Sánchez Perico y la Secretaría de Gobierno?


Aguas negras, y olores nauseabundos

Las imágenes son tan impactantes como vergonzosas.
Se observan pisos encharcados, sillas cubiertas de humedad.Los empleados han denunciado dolores de cabeza, náuseas y síntomas de alergia por la exposición continua a este ambiente tóxico.

Y por si fuera poco, en el mismo edificio funciona el Centro de Traslado por Protección (CTP), donde permanecen personas retenidas temporalmente.
Es decir, una emergencia sanitaria con riesgo biológico directo tanto para los funcionarios como para los detenidos.


Un contrato millonario y cero mantenimiento

El lugar fue arrendado por la Secretaría de Gobierno bajo el contrato N.º 1622 de 2025, por un valor de más de 344 millones de pesos para solo nueve meses.
Cada mes el municipio paga $38 millones, y aun así, el lugar parece una cloaca en funcionamiento.

El contrato obliga al propietario y al supervisor a mantener condiciones salubres, pero en la práctica, nadie responde.
Ni la Secretaría de Gobierno ni el supervisor del contrato han aparecido, y los trabajadores sienten que la administración los dejó hundidos en el abandono y en el agua podrida.


“Nos toca trabajar respirando peste y con miedo de enfermarnos”

Así lo denunciaron los funcionarios, quienes aseguran que han tenido que cerrar el despacho y suspender el servicio por el riesgo sanitario.
Aun así, no han recibido una sola visita de las autoridades municipales.

“Estamos desesperados. Nos toca trabajar respirando peste, con el piso mojado y miedo de enfermarnos. Nadie nos escucha”, contó uno de los empleados afectados que pidió reservar su nombre por temor a represalias.


Indiferencia y silencio desde la Alcaldía

El caso ha causado indignación entre los habitantes de Soacha, que ven con asombro cómo los propios servidores públicos deben soportar condiciones indignas para cumplir su labor.
Mientras tanto, la Secretaría de Gobierno guarda silencio, y el alcalde Perico no ha dado la cara ni emitido una sola declaración.

El mensaje es claro: en Soacha, los trabajadores públicos valen menos que el contrato que los rodea.
¿Hasta cuándo tendrán que esperar los funcionarios para que el alcalde actúe?
Nadie merece trabajar así. Y mucho menos quienes se encargan de hacer cumplir la ley.