Abelardo de la Espriella apenas llevaba tres días en la Casa de Nariño cuando la tierra le cambió por completo la agenda. El terremoto de magnitud 7,4 obligó al nuevo Gobierno a concentrarse en una emergencia nacional que no estaba en sus planes y puso bajo la lupa una decisión tomada durante la transición: no participar plenamente en el empalme con la administración de Gustavo Petro.
La situación fue descrita por The Economist como una especie de prueba de realidad para el nuevo mandatario. La revista británica reconoció que la respuesta inicial del Gobierno fue rápida, pero cuestionó que De la Espriella hubiera llegado a la Presidencia sin contar con toda la información y capacidades que, según el medio, necesitaba para afrontar una crisis de semejante magnitud.
Del discurso de campaña al terremoto
El problema es que la emergencia no esperó a que el nuevo Gobierno terminara de acomodarse.
De la Espriella asumió el cargo y, apenas tres días después, tuvo que ponerse al frente de una crisis que afectó diferentes regiones del país.
La agenda de campaña quedó rápidamente en segundo plano. Las promesas, los decretos que estaban proyectados y las discusiones políticas tuvieron que ceder espacio a rescates, atención de damnificados, coordinación institucional y reconstrucción.
En otras palabras: la naturaleza terminó imponiendo una agenda que ningún discurso de campaña había contemplado.
¿Y qué pasó con el empalme?
Aquí aparece la principal crítica de The Economist.
La publicación sostiene que la negativa del Gobierno entrante a participar plenamente en el empalme con Petro fue una decisión que ahora puede pasar factura.
El proceso finalmente se realizó con participación de la Contraloría, pero la transición no tuvo las condiciones habituales entre un Gobierno que termina y otro que comienza.
Según la revista, el resultado es que la nueva administración no habría recibido toda la información y las capacidades que necesitaba justo cuando más las requería.
Y el momento para descubrir ese vacío difícilmente pudo ser peor: un terremoto nacional, tres días después de la posesión.
El Gobierno sí reaccionó rápido, reconoce la revista
La crítica de The Economist no significa que el medio haya cuestionado toda la actuación del Gobierno frente al terremoto.
Por el contrario, la publicación reconoce que Colombia respondió con mayor rapidez que Venezuela ante los terremotos que golpearon ese país meses atrás.
De la Espriella asumió el mando de la emergencia, su gabinete fue enviado a las zonas afectadas y el Gobierno avanzó en medidas para atender a las familias damnificadas.
El problema, según la revista, estaba en lo que había ocurrido antes de que comenzara la emergencia.
Chocó convirtió el problema en una radiografía
El terremoto también dejó al descubierto una desigualdad que va mucho más allá de la discusión entre Petro y De la Espriella.
Chocó, uno de los departamentos con mayores niveles de pobreza del país, enfrentó enormes dificultades para acceder a maquinaria, equipos y ayuda.
Mientras tanto, regiones con mayor capacidad institucional y mejores conexiones pudieron recibir con mayor facilidad equipos especializados enviados desde Bogotá.
La Silla Vacía también puso el foco sobre esta diferencia: una administración nacional puede apoyarse en gobiernos locales fuertes cuando llega una emergencia, pero la estrategia se vuelve mucho más complicada en territorios donde las instituciones tienen recursos limitados.
La tragedia terminó mostrando que Colombia no responde de la misma manera en todos sus territorios.
Y Bogotá volvió a aparecer en escena
Hay otro detalle que resulta particularmente llamativo.
Durante la campaña, De la Espriella había defendido la idea de reducir el protagonismo de Bogotá y planteado a Barranquilla como una especie de centro alternativo para gobernar.
Pero llegó el terremoto.
Y con él, la necesidad de tener cerca a los ministerios, las entidades nacionales, los organismos de emergencia y los contactos internacionales.
The Economist utiliza precisamente este episodio para señalar que la realidad terminó obligando al nuevo presidente a ser más pragmático de lo que había planteado durante la campaña.
La emergencia, por decirlo de manera sencilla, hizo que Bogotá volviera a ser bastante útil.
El Gobierno heredó algo más que una emergencia
La situación tampoco puede explicarse únicamente por el empalme.
De la Espriella recibió una estructura estatal que ya enfrentaba problemas, entre ellos las dificultades financieras y los cuestionamientos derivados de los escándalos de corrupción en la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres.
Ahora, además, debe encontrar recursos para atender la emergencia y reconstruir las zonas afectadas.
El Gobierno declaró la situación de desastre y avanzó en medidas económicas para movilizar recursos, mientras las familias afectadas esperan soluciones concretas.
La paradoja que dejó el terremoto
El terremoto no ocurrió por la falta de empalme y tampoco sería correcto atribuirle a esa decisión las dificultades estructurales que enfrenta Chocó.
Pero sí puso a prueba, en cuestión de días, una decisión política que hasta entonces pertenecía principalmente al terreno de la disputa entre el Gobierno entrante y el saliente.
The Economist convirtió esa coincidencia en una crítica directa: De la Espriella tuvo que enfrentar una emergencia nacional cuando apenas comenzaba a conocer el aparato estatal que debía administrar.
El terremoto, además de sacudir buena parte del país, terminó sacudiendo una de las primeras decisiones del nuevo Gobierno.
Y dejó una pregunta difícil de esquivar: ¿qué tan preparado puede estar un Gobierno para enfrentar una crisis inesperada cuando acaba de llegar al poder sin una transición plenamente coordinada?
