La mujer, que ha pasado por cerca de 87 cirugías tras la agresión, volvió a contar detalles de lo ocurrido en Bogotá en el año 2000. Hoy enfrenta graves secuelas físicas, dificultades económicas y una decisión sobre la eutanasia que, según su EPS, está autorizada desde hace varios años.

Han pasado 26 años desde aquella noche, pero para María Consuelo Córdoba el tiempo no ha conseguido borrar las consecuencias de lo ocurrido.

En el año 2000, cuando tenía poco más de 30 años, llegó a Bogotá desde Istmina, Chocó, junto con quien entonces era su esposo. Lo que comenzó como un intento por construir una nueva vida en la capital terminó en una agresión que le provocó graves quemaduras en el rostro y la obligó a iniciar un largo proceso médico.

Desde entonces, su historia ha estado marcada por hospitales, cirugías, tratamientos y dificultades económicas. Según su propio relato, ha pasado por aproximadamente 87 intervenciones quirúrgicas y todavía necesita atención especializada para tratar las secuelas que dejó el ataque.

Ahora, después de más de dos décadas, Córdoba volvió a hablar públicamente sobre aquella agresión y contó nuevos detalles sobre lo que ocurrió con el hombre al que señala como responsable.

Una decisión que terminó en tragedia

Según el relato de María Consuelo, el conflicto comenzó cuando decidió permanecer en Bogotá para trabajar.

Ella había llegado a la capital junto con su entonces pareja, pero ambos tenían planes diferentes. Mientras el hombre quería regresar al Chocó, Córdoba decidió quedarse en Bogotá.

Fue en medio de esa situación, según su testimonio, cuando ocurrió la agresión.

La mujer ha contado que una noche abrió la puerta de la vivienda y su pareja le arrojó un líquido en el rostro. En ese momento no sabía que se trataba de ácido, pues, de acuerdo con su relato, la sustancia estaba dentro de una caneca de aguardiente.

El líquido comenzó a provocarle un intenso ardor.

Córdoba salió corriendo y posteriormente regresó a la vivienda para echarse agua en el rostro, intentando disminuir el dolor provocado por las quemaduras.

El hombre, según su versión, huyó inmediatamente después del ataque.

“Él salió corriendo”

Una de las declaraciones que volvió a llamar la atención en su reciente relato tiene que ver precisamente con la huida del hombre.

Córdoba contó que, después de atacarla, él salió corriendo y posteriormente permaneció fuera de Bogotá durante un tiempo.

Según el relato difundido recientemente, el hombre habría permanecido alrededor de un año en el departamento del Chocó.

Este aspecto forma parte del testimonio de Córdoba. No existen suficientes detalles públicos recientes que permitan reconstruir con precisión el desenlace judicial del caso o establecer qué ocurrió posteriormente con el hombre señalado por ella.

Por eso, el episodio debe entenderse desde la perspectiva de la sobreviviente y no como una afirmación judicial sobre la responsabilidad penal del señalado.

El comienzo de 26 años de tratamientos

Después del ataque comenzó una etapa completamente diferente para María Consuelo.

Las lesiones que sufrió en el rostro fueron graves y requirieron atención médica prolongada. Con el paso de los años tuvo que someterse a numerosas intervenciones para intentar reconstruir las zonas afectadas y recuperar algunas funciones.

De acuerdo con su testimonio, la cifra llega aproximadamente a 87 cirugías.

Sin embargo, los procedimientos no consiguieron devolverle las condiciones que tenía antes de la agresión.

Actualmente continúa enfrentando dificultades relacionadas con las secuelas de las quemaduras. Ha explicado que necesita elementos para facilitar su respiración y que utiliza una máscara artesanal para proteger su rostro del sol y de las miradas de otras personas.

Su proceso médico tampoco ha terminado.

A pesar de las décadas transcurridas, Córdoba sostiene que todavía requiere procedimientos y atención especializada.

Vivir después de la tragedia

Las consecuencias del ataque no se limitan a las lesiones físicas.

Córdoba también ha relatado las dificultades económicas que enfrenta actualmente en Bogotá.

Según declaraciones entregadas a medios de comunicación, vive en una habitación alquilada en la localidad de Puente Aranda y tiene que buscar ayuda económica para cubrir sus gastos diarios y sus necesidades médicas.

Incluso ha contado que recurre a buses y a TransMilenio para pedir dinero.

La situación refleja una de las dimensiones menos visibles de los ataques con ácido: las consecuencias pueden prolongarse durante décadas y afectar no solamente la salud de las víctimas, sino también sus posibilidades de trabajar, relacionarse y llevar una vida independiente.

El encuentro que tuvo con el papa Francisco

La historia de María Consuelo también está relacionada con un encuentro que tuvo con el papa Francisco durante su visita a Colombia en 2017.

En aquella ocasión, Córdoba le habló sobre su situación y sobre las dificultades que enfrentaba para continuar con su recuperación.

Según su relato, el pontífice le pidió que no recurriera a la eutanasia y que mantuviera la esperanza de recibir ayuda para continuar con las cirugías que necesitaba.

Córdoba aceptó aquella promesa.

Pero los años pasaron y, según ha contado, las condiciones que esperaba que cambiaran no lo hicieron de la manera que necesitaba.

Su situación médica continuó siendo compleja y las dificultades económicas permanecieron.

Después de 26 años, volvió a considerar la eutanasia

La petición de eutanasia es ahora uno de los aspectos centrales de su historia.

Después de más de dos décadas de tratamientos, Córdoba ha manifestado públicamente que está cansada de las condiciones en las que vive y que contempla la posibilidad de acceder al procedimiento.

Su decisión no aparece de manera aislada. Está relacionada, según sus propias declaraciones, con el desgaste provocado por años de procedimientos médicos, sus dificultades económicas y las secuelas permanentes del ataque.

Pero existe un dato importante: su autorización para la eutanasia ya habría sido emitida hace varios años.

Capital Salud aseguró recientemente que existe una autorización para el procedimiento desde hace aproximadamente cuatro años y que la decisión de llevarlo a cabo depende de la voluntad de la paciente.

Es decir, la discusión actual no consiste simplemente en si Córdoba puede acceder al procedimiento, sino también en una decisión profundamente personal sobre si finalmente quiere hacerlo.

Una nueva oportunidad de ayuda

La historia de Córdoba volvió a tener repercusión nacional después de que se conocieran públicamente sus condiciones actuales.

Su testimonio incluso llegó hasta el empresario colombiano Arturo Calle, quien, después de conocer su situación, manifestó su intención de ayudarla.

La noticia abrió nuevamente la posibilidad de que Córdoba pueda recibir apoyo para mejorar sus condiciones de vivienda y continuar atendiendo algunas de sus necesidades.

Para una mujer que durante 26 años ha tenido que enfrentar las consecuencias de una agresión, cualquier ayuda puede representar algo más que un apoyo económico: puede significar la posibilidad de recuperar parte de la autonomía que perdió aquella noche.

Una historia que todavía genera preguntas

El caso de María Consuelo Córdoba vuelve a poner sobre la mesa una realidad que muchas veces queda olvidada después de que una agresión deja de ocupar los titulares.

¿Qué sucede con las víctimas años después?

Un ataque puede durar segundos, pero sus consecuencias pueden extenderse durante décadas.

En el caso de Córdoba, han sido 26 años de tratamientos, cerca de 87 cirugías y una vida condicionada por las secuelas físicas y económicas de la agresión.

También existe una dimensión judicial que continúa rodeada de interrogantes. Córdoba ha señalado públicamente a quien era su pareja como responsable del ataque y ha contado qué ocurrió con él después de la agresión, pero la información pública disponible actualmente no permite establecer con precisión todos los detalles del proceso judicial posterior.

Más allá de la noticia

La historia de María Consuelo no termina con una cifra de cirugías ni con una solicitud de eutanasia.

Detrás de los titulares hay una mujer que lleva más de dos décadas intentando reconstruir su vida después de sobrevivir a una agresión.

Hoy, a sus 58 años, enfrenta una decisión que ella misma tendrá que tomar.

Por un lado, está la posibilidad de continuar buscando tratamientos, apoyo y mejores condiciones de vida. Por otro, está la eutanasia, para la cual, según su EPS, cuenta con autorización.

Su caso deja abierto un debate que va mucho más allá de su historia personal: cómo acompaña la sociedad a quienes sobreviven a una violencia que les deja secuelas permanentes y qué condiciones necesitan para volver a tener una vida digna.

Después de 26 años, María Consuelo Córdoba sigue contando su historia. Y esta vez, además de recordar al hombre que, según su testimonio, cambió su vida para siempre, está intentando decidir qué quiere hacer con los años que todavía tiene por delante.