En los cerros, humedales y terrenos naturales de Soacha sobreviven especies que no pueden trasladarse a cualquier lugar para continuar existiendo. Mientras la ciudad crece y se discuten nuevos usos del suelo, ambientalistas advierten que proteger a estos animales exige algo más que reconocer su importancia: también hay que conservar los ecosistemas de los que dependen.

Una de esas especies es la alondra cornuda, un ave propia del altiplano cundiboyacense que habita sectores de la vereda Panamá, cerca de Ciudadela Sucre. Su presencia ha puesto sobre la mesa una discusión que involucra a la Alcaldía, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), organizaciones ambientalistas y comunidades: ¿cómo puede Soacha planear su desarrollo sin poner en riesgo los lugares que albergan su biodiversidad?

La pregunta cobra importancia porque el municipio no solo debe cuidar sus humedales. También tiene ecosistemas terrestres particulares que sirven de refugio a especies amenazadas y que necesitan ser reconocidos en las decisiones sobre el territorio.

La alondra cornuda: una especie que depende de un lugar específico

La Eremophila alpestris peregrina, conocida como alondra cornuda, es una subespecie endémica de Colombia, asociada al altiplano cundiboyacense. Su presencia se ha documentado en Boyacá, Cundinamarca y Bogotá, incluidos sectores de Soacha.

La Asociación Bogotana de Ornitología (ABO) ha advertido que su población es reducida y que la pérdida de hábitat representa una amenaza importante para su supervivencia. En la vereda Panamá se encuentra una de las poblaciones conocidas de la especie en la jurisdicción de la CAR.

El 30 de abril de 2026, el Concejo de Soacha aprobó el Acuerdo Municipal 007 de 2026, mediante el cual se declaró a la alondra cornuda como ave emblemática del municipio. La decisión reconoce el valor de esta especie y establece un compromiso institucional con su protección.

Pero declarar un ave emblemática no basta para garantizar su supervivencia. La conservación también depende de que se mantengan los pastizales, la vegetación nativa y las condiciones del suelo que necesita para alimentarse, reproducirse y refugiarse.

El POT y el debate por el Parque Tecnológico Ambiental

La discusión se intensificó con el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Soacha. La Asociación Bogotana de Ornitología advirtió en agosto de 2026 que una zona prevista para un Parque Tecnológico Ambiental destinado a la gestión de residuos se superponía con parte del hábitat conocido de la alondra cornuda en la vereda Panamá.

La organización pidió ajustar la delimitación de esa área y reconocer con mayor claridad el ecosistema subxerofítico, caracterizado por condiciones semisecas y vegetación adaptada a la disponibilidad limitada de agua.

La preocupación de los ambientalistas es que la infraestructura y las actividades asociadas al manejo de residuos puedan transformar o fragmentar el hábitat de la especie. Su propuesta es ampliar las áreas identificadas como de potencial presencia de vegetación subxerofítica y adelantar estudios que permitan establecer medidas de conservación más efectivas.

La posición de la Alcaldía es diferente en un punto central: en julio de 2026, la administración municipal afirmó que el proyecto busca transformar residuos y producir energía, y aclaró que no se plantea como un relleno sanitario convencional.

Ambas cuestiones deben examinarse por separado. Que el proyecto no sea un relleno sanitario convencional no resuelve automáticamente la preocupación por la ubicación de la infraestructura. Para evaluar el posible impacto es necesario revisar los usos del suelo aprobados, la cartografía oficial, los estudios ambientales y las medidas de protección previstas.

El Concejo aprobó el nuevo POT en septiembre de 2026, mediante el Acuerdo 29 de 2026. Por eso, la discusión ya no se limita a pedir cambios a una propuesta: también consiste en establecer cómo se aplicará el plan y qué medidas garantizarán la conservación de las especies amenazadas.

¿Qué está haciendo la CAR para proteger estos ecosistemas?

La CAR tiene responsabilidades de autoridad ambiental en su jurisdicción y ha adelantado acciones relacionadas con la conservación de la alondra cornuda y los ecosistemas subxerofíticos.

En diciembre de 2024, la entidad anunció un proyecto para caracterizar el ecosistema subxerofítico altoandino de Soacha, considerado de gran valor ecológico y amenazado por distintas presiones, entre ellas la expansión urbana. La CAR señaló que buscaba reconocerlo como estratégico y aportar criterios ambientales para la planificación territorial.

Además, en 2026 publicó un plan de manejo para la conservación de la alondra cornuda en su jurisdicción. Entre sus objetivos está conservar y recuperar los paisajes donde vive la especie, mejorar la conectividad ecológica y reducir las presiones humanas sobre su hábitat.

La pregunta que queda es cómo se traducen esos instrumentos en decisiones concretas sobre los terrenos donde se han registrado las aves. La protección efectiva requiere coordinación entre la autoridad ambiental y el municipio, además de seguimiento a los usos del suelo y a las intervenciones que puedan afectar el ecosistema.

Los humedales también necesitan protección

Soacha cuenta con otros ecosistemas de importancia, entre ellos los humedales Neuta, Tierra Blanca, El Vínculo y sectores relacionados con Tibanica. Estos espacios sirven de hábitat para distintas especies de aves, anfibios, reptiles y plantas.

En mayo de 2025, la Alcaldía de Soacha informó que había acordado con la CAR una inversión superior a 5.800 millones de pesos para acciones de cuidado y revitalización de humedales. El anuncio contemplaba labores de limpieza, siembra de vegetación, cerramientos y participación comunitaria.

El cuidado de estos lugares exige más que retirar residuos. También implica evitar vertimientos, proteger las rondas hídricas, controlar las actividades que deterioran el suelo y conservar la vegetación que permite a la fauna encontrar alimento y refugio.

El Jardín Botánico de Bogotá ha documentado, por ejemplo, la presencia de aves amenazadas en el humedal Tibanica, compartido entre Bosa y Soacha. Entre ellas está el cucarachero de pantano, una especie endémica que requiere condiciones adecuadas de hábitat.

La conservación de los humedales y la de los cerros responde a necesidades distintas, pero ambas dependen de que el ordenamiento territorial reconozca el valor ecológico de los espacios naturales.

¿Qué pueden hacer las comunidades y los ambientalistas?

Las organizaciones ambientales y los habitantes pueden contribuir mediante registros de especies, recorridos de observación, educación ambiental y seguimiento a las decisiones públicas. También pueden presentar observaciones ante las autoridades, solicitar información sobre los estudios que respaldan los proyectos y reportar intervenciones que consideren perjudiciales para el entorno.

En el caso de la alondra cornuda, la Asociación Bogotana de Ornitología ha solicitado que se revise la relación entre el POT, el área prevista para el Parque Tecnológico Ambiental y el hábitat conocido de la especie. Su advertencia plantea una cuestión verificable: si la presencia del ave ya está documentada, ¿cómo se incorporará esa información a las decisiones sobre el uso del suelo?

Para responderla, es importante conocer la cartografía definitiva, los conceptos técnicos de la CAR, las medidas de manejo previstas y la respuesta oficial de la Alcaldía frente a las observaciones de los ambientalistas.

La comunidad también puede ayudar evitando dejar residuos en humedales y cerros, respetando la fauna silvestre y absteniéndose de capturar o alimentar animales sin orientación especializada. Cuando se encuentran aves heridas o fauna en riesgo, lo adecuado es informar a la autoridad ambiental y seguir sus instrucciones.

Proteger una especie significa proteger su hogar

El desarrollo urbano y la conservación no tienen por qué ser objetivos incompatibles, pero su coexistencia exige decisiones basadas en evidencia, transparencia y seguimiento. Un proyecto puede presentarse como una alternativa tecnológica y, aun así, necesitar evaluaciones rigurosas sobre su ubicación y sus efectos sobre el entorno.

Soacha tiene la oportunidad de convertir la declaración de su ave emblemática y los planes de manejo ambiental en acciones que puedan medirse: hábitats identificados, áreas protegidas, recuperación de vegetación nativa y seguimiento a las poblaciones de fauna.

La alondra cornuda no puede defender el cerro donde vive ni participar en las decisiones sobre el POT. Por eso, la pregunta para las autoridades y la ciudadanía es inevitable: ¿cómo se garantizará que el desarrollo de Soacha no termine haciendo desaparecer aquello que el propio municipio acaba de reconocer como parte de su identidad natural?