En un operativo que arrancó en plena madrugada, el Gobierno movió a varios de los cabecillas más poderosos del Valle de Aburrá que estaban concentrados en la cárcel La Paz de Itagüí. La decisión rompe un esquema que durante años permitió que estos hombres compartieran el mismo penal.
Decenas de uniformados del Inpec ingresaron al establecimiento para ejecutar los traslados, en medio de un fuerte dispositivo de seguridad. Las imágenes que comenzaron a circular muestran el despliegue dentro de la cárcel mientras sacaban a los internos de sus patios.
Entre los trasladados están alias ‘Douglas’, ‘Carlos Pesebre’, ‘Lindolfo’, ‘Tom’ y ‘Fritanga’, nombres clave dentro de estructuras criminales con influencia en Medellín y su área metropolitana.
Los separaron y los mandaron a cárceles más duras
La orden fue clara: sacarlos de Itagüí y repartirlos en diferentes cárceles del país.
‘Douglas’ terminó en La Picota, en Bogotá. ‘Carlos Pesebre’ fue enviado a La Tramacúa, en Valledupar, uno de los penales más estrictos de Colombia. ‘Lindolfo’, por su parte, fue trasladado a Cómbita.
Otros cabecillas fueron distribuidos en cárceles de ciudades como Girón, Palmira, Ibagué y La Dorada.
Con esto, se acaba la concentración de estos líderes criminales en un solo lugar, una situación que venía generando preocupación por su posible capacidad de coordinación desde prisión.
El trasfondo que detonó la decisión
El movimiento no llega de la nada. La cárcel de Itagüí llevaba meses en el ojo del huracán.
Primero, por el escándalo de una fiesta dentro del penal con presentación musical incluida. Después, por denuncias sobre supuestos lujos y condiciones privilegiadas para algunos internos.
Y más recientemente, por una alerta de fuga que encendió las alarmas de las autoridades.
A eso se suma un punto clave: varios de estos cabecillas participaron en la llamada mesa de paz urbana, lo que convirtió a la cárcel en un centro de poder criminal y político al mismo tiempo.
Lo que busca el Gobierno
Con estos traslados, el objetivo es cortar de raíz cualquier intento de coordinación desde la cárcel y recuperar el control del sistema penitenciario.
Separarlos, aislarlos y enviarlos a centros de mayor seguridad es la apuesta para debilitar su influencia.
Lo cierto es que, desde hoy, el mapa criminal dentro de las cárceles cambió. Y lo que pase con estas estructuras en las calles también podría empezar a moverse.
